MI AMIGO ANTUCO
José López Coronado
De los pocos grandes amigos que me enorgullezco, el domingo 28 de marzo murió uno de ellos. Últimamente vivía solo porque su primera esposa lo dejó acaso por su militancia marxista y la segunda, en busca de días mejores –que ya no serán posibles– trabaja en Barcelona, España. Vivía solo y murió sólo, porque nadie entra acompañado al oscuro reino de la muerte.
Antonio Augusto Villalobos, fue el único hijo de doña Elena Ordóñez Osores, la recordada maestra que se placía encabezar las heroicas marchas del SUTEP en Chota, porque Antuco, junto a Horacio Zeballos y otros connotados líderes, fue fundador del sindicato magisterial. Tuvo varios hermanos de padre (César, Percy, Asunción, Willam, Carlomán, entre otros) y fue padre de Julio, Antonio, Sergio, Yuri y Elena. Pero su inmediato y mejor camarada fue su compadre Humberto Coronado Bernal, que tuvo que ir a “aparedarse” en su velorio y funeral.
Los primeros años de la década del 80, Antonio escribió el Prólogo a un poemario mío que el tiempo me ha hecho olvidar el título y que por su evidente influencia vallejiana nunca publiqué. Desde entonces gocé de su aprecio y generosidad que se tras formó en respeto, aprecio y admiración. Respeto no sólo porque él era algunos años mayor sino porque se imponía, con razón y solvencia, ante el análisis e interpretación de hechos sociales, políticos o culturales que le consultaba; aprecio, porque los chotanos somos así y porque, además, militamos en el mismo partido; solvencia, porque era un dirigente político y sindical, que jamás sacó ventaja de ninguna clase, como otros que después nos desilusionaron.
Por eso, en coordinación con Juana Cusma Cabanillas, paisana, amiga y también poeta, ofrecimos en nombre de los poetas chotanos (a los que nos alojó en su casa para asistir al I Encuentro de Poetas y Escritores Chotanos realizado en Trujillo el 1 de agosto de 2007), ofrecimos algo parecido al acostumbrado cafecito que se comparte en nuestro pueblo en un velorio. Sus restos fueron velados, con justicia y honor, en la Casa del Maestro de Trujillo y su sepelio fue el martes 30 de marzo en el Cementerio Campo Fe, fue todo un acontecimiento, ya que los camaradas de Patria Roja, los colegas del SUTEP y los paisanos y amigos de Chota, se dieron cita para la despedida final. Aunque todo discurso ante un féretro no siempre expresa toda la sinceridad con que debemos tratarnos en vida.
Antonio tuvo el acierto de venir a celebrar sus 50 años en Chota, departiendo conmigo y mi familia, que agradecí oportunamente. Antes había escrito yo algunos poemas que conformaron un poemario que titulé, justamente, “Mi Amigo Antuco” cuyos originales él pudo leer, como también algunos cuentecillos que publiqué en este semanario, en los cuales el protagonista es él. Los primeros días de marzo nos encontramos en el chat y me
volvió a agradecer el envío virtual de “Amor y Llaga” a través del internet: “Voy a volver a escribir unos articulillos y te los envío”, me dijo, pero la muerte no permitió que él cumpliera y, por eso, me he puesto a escribir estas líneas que deseo sean leídas como un Homenaje Póstumo que, aún consternado, me ha costado expresar.
Cada vez que venía a su pueblo, después de gozar algunos días bajo nuestro cielo, Antuco, al final, se ingeniaba para embriagarse y, desinhibido, despedirse llorando. Luego dor mía y, por supuesto, no se acordaba de que estaba alejándose de Chota. Ahora él duerme en la eternidad y cuántos lo apreciamos y quisimos, hemos llorado, impotentes, su súbita partida.
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