“Chota mía, lo que te da carácter
son tus hombres eficaces como tiro de fusil
y tus mujeres ágiles con ternura de torcaz”..

Anaximandro Vega M

4/08/2010

EL BREVE NARRAR

CELEBRACIÓN
Javier Lerena Castillo

Antonio departía en la cantina que atendía a dos puertas de su casa. Celebraba encontrarla bien a Elena, su madre. Encontrarla bien es un decir, pues la visitaba cada cierto tiempo, como ahora, para que no se olvidaran el uno del otro.

En el reencuentro con sus amigos hablaban de los acontecimientos locales últimos. Los tentáculos de la corrupción también alcanzaban a las instituciones de la ciudad y regresar a su propio pueblo para Antonio se constituía en un desencanto más. Entonces Elena interrumpió sin proponérselo.

- Oye clandestino -así llamaba Elena a su muchacho ya cincuentón-, invítame una copa, pues, para el frío.

Soleaba, pero se refería a la soledad, por la cual la madre también había aprendido a darse abrigo con una copita.

- Claro, Elena, cómo no -dijo Antonio y le alcanzó medio va-so.

Mientras ella bebía cerveza, un campesino que tomaba aguardiente en la misma cantina, se acercó y respetuosa-mente dijo:

- ¿Usted no es doña Elena tal?… Claro, mi recordada maestra, qué gusto, yo soy Eleodoro Sempértegui, su alumno, de Yaquil, ¿se acuerda de mí? Tanto tiempo, mire, qué gusto.

La doña escuchó, volvió a libar, agradeció y se marchó.

Lo mismo hizo el alumno. Antonio y sus amigos comen-aron los dones de la docencia, profesión incomprendida, pero grata al fin y al cabo. Y pasó un buen rato.

Todavía emocionado, llamó al alumno de su madre que había regresado a su mesa:

- Oiga, amigo, acérquese, brindemos por su profesora.

- Gracias… Sí, ella fue mi profesora y la he vuelto a ver a los años.

- Nos ha emocionado su actitud, hombre, qué bueno.

Y volvieron a tratar el asunto. Picados preguntaron y respondieron una y otra vez lo mismo. Hasta que Antonio salió del círculo e indagó.

- ¿Y cómo la ve ahora a su profesora?

- Uf, buenaza, está como para darle su tiro.

El alumno no sabía que Antonio era hijo de su profesora. Su frase, por supuesto, no agregó al trago vidrios molidos para beber, al contrario fue motivo de celebración. Desde entonces, más bien, cuando entre amigos queremos expresar que algún conocido goza de buena salud, solemos repetir que, valga la ocasión, está como para darle su tiro.

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