INDIGNOS E INDIGNADOS
Fernando Vera Vásquez
El escritor
uruguayo Eduardo Galeano con su conocida y aguda percepción crítica afirma que
el mundo está dividido entre los indignos y los indignados. Es decir, entre
aquellos que se catapultan profesional, social, económica o políticamente en
base a la ruindad, la injusticia, el robo, el fraude, la vileza, el servilismo,
la inmoralidad, la infamia, la iniquidad, el oportunismo, la conveniencia, en
suma: la indignidad y la deshonestidad. Y, en el campo opuesto, aquellos que se
rebelan y luchan con firmeza y una fe inquebrantable contra ese estado de
cosas.
Los indignos
carecen de ideales, sólo tienen intereses, afanes y apetitos. Y mucho de lo que
identifica a los indignos se patentiza, con muy escasas excepciones, en la
conducta de las autoridades y los funcionarios públicos de nuestra provincia.
De la indignidad hay hecho su modo de vida, su fortuna y su fama (por ejemplo:
“Acusan a alcalde de Chota de lavar dinero proveniente de la corrupción”, El Comercio, 6 de febrero; “Alcalde de
Chota acusado de presunto desvío de dinero público”, Andina Agencia Peruana de Noticias, 7 de febrero; “Alcalde Chota…
acusado de desvío de dinero público”, El
Peruano, 8 de febrero; “Alcalde de Chota es investigado por lavado de
activos”, La República, 9 de
febrero).
Es fatal ese
conflicto maniqueo de indignos e indignados, es decir, entre los que defienden
y quieren conservar a perpetuidad el sistema de marginación económica y social,
de vergüenza moral y de deshonestidad política del que medran y sacan tajada, y
los que pugnan por cambiar y transformar ese mundo en busca de otro mejor,
económicamente solidario, socialmente responsable, moralmente decente y
humanamente digno.
Se aplica en esta
lucha por la dignidad lo que el filósofo inglés John Stuart Mill dijo: “es mejor un humano insatisfecho que un
puerco satisfecho”; y completa Antonio Marina: “El cerdo aspira a una felicidad de cerdo, mientras que la felicidad
humana es una «armoniosa satisfacción de dos grandes aspiraciones: bienestar y
creación»” (La inteligencia fracasada. Teoría y práctica de la estupidez).
En definitiva, el
afán de los indignos es por la felicidad de cerdo. En cambio, la lucha de los
indignados es por la felicidad humana. Pues así, la lucha por la dignidad no
tiene excusas.
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