HIPNOSIS
Ricardo Quiroz Mejía
Nunca entendí porque me gusta Valeria, mi mejor amiga. La observaba de reojo mientras nadaba en la piscina. Su calzoncito lisonjero, sus curvas apremiantes me robaban el aire. Pedro, el novio, la besaba y de vez en cuando le metía la mano entre las piernas. Impotente al no saber nadar sentía explotar mi rabia. Supuse era normal a mis dieciocho años. Susan, mi madre, asegurándome que perdería el temor a ahogarme, me sacó de la piscina y me condujo hasta este consultorio. Eso pasó hace como una hora antes de la consulta. Ahora de pronto me encuentro bajo el agua turbia de un río enfurecido, atrapado por las raíces de un árbol.
Cálmate Zamanta, son recuerdos que han revivido a la hipnosis. ¿Que me calme? Ustedes los doctores no entienden nada. Sólo soy un niño de ocho años, luchando por liberarme de las raíces. Apenas y escucho voces decirme: Resiste Gustavo. Resiste. Solo quería aprender a nadar doctor, no mirarme ahogado al fondo de este río.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Si no cuentas con ninguna de las cuentas mostradas, marca anónimo, realiza tu comentario y al final escribe tu nombre.